
Apple habría probado Mac Pro con Intel y M3 Ultra antes de cerrar la gama
Un informe de Bloomberg describe dos proyectos de Mac Pro no lanzados: el J170 con Intel y el J190 con M3 Ultra. Ninguno llegó al mercado.
Apple habría estudiado dos configuraciones adicionales del Mac Pro antes de retirar la gama en marzo de 2026. Según Mark Gurman en Bloomberg, cuya información recogieron 9to5Mac y AppleInsider, los proyectos internos se llamaban J170 y J190. J170 utilizaba un procesador Intel y J190 combinaba el chasis del Mac Pro con un M3 Ultra. Ninguno se comercializó.
El proyecto Intel resulta llamativo, pero la información publicada no demuestra por qué Apple lo consideró. Bloomberg solo indica que estaba pensado para determinados usos. Eso no basta para atribuir la decisión a virtualización, compatibilidad con software específico, gráficos PCIe o una carga de cálculo concreta. Esas explicaciones siguen siendo hipótesis, no motivos confirmados por Apple.
J190 seguía la vía más previsible de Apple silicon y, según el informe, estaba previsto cerca del lanzamiento del Mac Studio con M3 Ultra a comienzos de 2025. Su cancelación muestra que adoptar la arquitectura propia tampoco garantizaba otra generación del Mac Pro. En marzo de 2026, Apple confirmó la retirada del producto y que no tenía previsto nuevo hardware.
El mismo informe afirma que Apple desarrolló los chips M2 Extreme y M3 Extreme, por encima de la categoría Ultra, pero abandonó ambos porque la demanda prevista no justificaba el coste. Apple nunca anunció públicamente esos chips, por lo que siguen siendo proyectos internos citados por la prensa, no productos confirmados. La información revela caminos explorados y descartados, no dispositivos prometidos a los compradores.
La historia del Mac Pro explica por qué estos prototipos importan. La torre debutó en 2006 como sucesora, ya con procesador Intel, del Power Mac G5, y pasó la década siguiente siendo la máquina que Apple señalaba cada vez que los profesionales cuestionaban su compromiso con la informática de gama alta. El rediseño cilíndrico de 2013 cambió capacidad de ampliación por compacidad y envejeció mal; la torre de 2019 dio marcha atrás con el regreso de las ranuras PCIe, la memoria sustituible por el usuario y un chasis pensado para hardware gráfico exigente. Ese diseño de 2019, en versión actualizada, es aquel con el que la gama ha muerto.
La transición a Apple silicon puso en marcha la cuenta atrás. Apple anunció el abandono de Intel en la WWDC de 2020 y lo completó, simbólicamente, cuando llegó el Mac Pro con M2 Ultra en junio de 2023. Pero esa máquina encarnaba la tensión que insinúan los prototipos: conservaba ranuras PCIe para tarjetas especializadas y, al mismo tiempo, renunciaba a la compatibilidad con tarjetas gráficas de terceros y a la memoria instalable por el usuario, porque Apple silicon integra ambas en el propio encapsulado del chip. El resultado fue una torre bastante más cara que un Mac Studio construido en torno al mismo chip, a cambio de una capacidad de ampliación que cada vez menos compradores necesitaban.
Ese contexto explica la fascinación por el J170, pero no justifica sacar conclusiones sobre él. Lo que una estación de trabajo Intel puede hacer y Apple silicon no —tarjetas gráficas dedicadas, grandes cantidades de memoria instalada por el usuario, amplia compatibilidad x86— está bien documentado, y son justamente las capacidades que ciertos nichos profesionales nunca han dejado de pedir. Resulta tentador unir los puntos. Pero, tal como está la información publicada, los puntos son todo lo que hay: el relato de Bloomberg no dice cuál de ellos, si es que alguno, motivó el proyecto.
La historia de los chips sigue igualmente un patrón anterior a este informe. Los procesadores de la categoría Ultra de Apple se fabrican uniendo dos dados (dies) Max mediante una interconexión de alta velocidad, y los rumores sobre un nivel «Extreme» de cuatro dados circulan desde la generación M1. Ya en 2022, Bloomberg informó de que Apple había aparcado un chip de cuatro dados porque la economía de un procesador estrella de bajo volumen no salía a cuenta. El destino que ahora se atribuye al M2 Extreme y al M3 Extreme se lee como el mismo cálculo repetido: la ingeniería era viable, pero el mercado resultaba demasiado pequeño para pagarla.
Para los profesionales en activo, el panorama práctico ya está cerrado. El Mac Studio encabeza la gama de sobremesa, y quienes dependen de tarjetas PCIe se quedan con los chasis de ampliación Thunderbolt, que admiten tarjetas de audio, captura de vídeo, red y almacenamiento, pero no hardware gráfico. Cualquiera cuyo flujo de trabajo exija realmente GPU dedicadas o memoria más allá del encapsulado ha recibido, en la práctica, el mensaje de que el Mac ya no está pensado para él: un límite que Apple trazó de forma implícita con la máquina de 2023 y explicitó en marzo.
Lo que el informe documenta, en última instancia, es una empresa que prueba salidas antes de cerrar una puerta. Dos décadas después del primer Mac Pro, Apple examinó al parecer tanto un paso atrás hacia Intel como un último empujón con Apple silicon, y concluyó que ninguno daba lugar a una máquina que mereciera la pena comercializar. Es un final más meditado de lo que sugeriría una retirada silenciosa y, para los fieles que le quedan a la torre, quizá también más frío.