La enorme demanda del MacBook Neo plantea a Apple un dilema de suministro de chips
El MacBook Neo de 599 dólares se ha vendido muy por encima de las previsiones y sus entregas se alargan hasta dos o tres semanas. El problema es la escasez de chips A18 Pro seleccionados que hacen posible el portátil, mientras las líneas de TSMC ya funcionan a plena capacidad.
Cuando Apple lanzó el MacBook Neo a principios de marzo por 599 dólares, muchos analistas elogiaron su precio y se preguntaron cómo podía permitírselo. La respuesta estaba en una solución de ingeniería: el equipo utiliza chips A18 Pro con una GPU de cinco núcleos, unidades que no habrían cumplido los requisitos del iPhone 17 Pro porque uno de sus seis núcleos gráficos falló los controles de calidad. Al destinar esos chips imperfectos pero funcionales a un portátil, Apple convirtió un descarte en ingresos. La estrategia funcionó casi demasiado bien.
El MacBook Neo se convirtió en el portátil de Apple con ventas más rápidas de los últimos años. Las estimaciones de entrega en las tiendas en línea de Apple aumentaron a dos o tres semanas en Estados Unidos y en muchos otros países. La lista de espera crecía y ahí aparecía el problema: Apple empezaba a quedarse sin chips.
Una cadena de suministro elegante en teoría, pero frágil en la práctica. El A18 Pro del MacBook Neo se fabrica con el proceso de tres nanómetros de segunda generación de TSMC, denominado N3E. La línea funcionaba a plena capacidad, principalmente para atender la demanda del iPhone 17 Pro. El planteamiento de Apple daba por hecho que siempre habría suficientes chips con un núcleo defectuoso para destinarlos al MacBook Neo, pero el portátil se vendía más rápido de lo que se acumulaban esas unidades.
Para reponer existencias, Apple tendría que pagar una prima a TSMC para reactivar o ampliar la producción del A18 Pro, reduciendo directamente los ya estrechos márgenes del MacBook Neo. Según el analista Tim Culpan, Apple afrontaba un «enorme dilema»: aceptar márgenes menores al pagar tiradas adicionales o permitir que la demanda superase a la oferta y frustrase a los clientes.
Existía una tercera posibilidad: dar prioridad a la asignación de chips. Apple podía desviar parte de los A18 Pro reservados para el iPhone 17 Pro hacia el MacBook Neo, pero eso exigiría reducir la producción del iPhone antes de su siguiente gran ciclo comercial.
La paradoja era evidente. Apple diseñó el MacBook Neo como un producto optimizado para el margen: aprovechar lo que de otro modo sería un descarte, venderlo por debajo de la competencia y captar un nuevo segmento de usuarios. El plan superó las expectativas, pero su éxito se convirtió en una limitación estructural.
Apple ya preparaba, según los informes, el sucesor del MacBook Neo. Se esperaba que la siguiente generación utilizara el A19 Pro de la gama iPhone 17 Pro, con 12 GB de memoria unificada y un nuevo nivel de rendimiento. Ese producto no llegaría antes de 2027, por lo que Apple debía gestionar la escasez durante buena parte del año.
Para quien quisiera comprarlo entonces, el consejo era práctico: pedirlo cuanto antes. Si las existencias seguían reduciéndose, la espera de unas semanas podía alargarse aún más.