
Apple pide al juez que mantenga en pie su demanda contra OpenAI
Apple demandó el 10 de julio ante el Tribunal Federal del Distrito Norte de California, división de San José. Son cinco los demandados: dos entidades de OpenAI —OpenAI Foundation y OpenAI Group PBC—, su filial de hardware io Products y dos antiguos empleados de Apple. Tang Tan pasó veinticuatro años en Apple, de la que salió como vicepresidente de diseño de producto para el iPhone y el Apple Watch; hoy es el máximo responsable de hardware de OpenAI. Chang Liu era ingeniero eléctrico senior de sistemas, tras ocho años en la empresa. El caso está registrado como Apple Inc. v. Liu et al., n.º 5:26-cv-07078-EJD.
Qué se presentó, y cuándo
Apple demandó el 10 de julio ante el Tribunal Federal del Distrito Norte de California, división de San José. Son cinco los demandados: dos entidades de OpenAI —OpenAI Foundation y OpenAI Group PBC—, su filial de hardware io Products y dos antiguos empleados de Apple. Tang Tan pasó veinticuatro años en Apple, de la que salió como vicepresidente de diseño de producto para el iPhone y el Apple Watch; hoy es el máximo responsable de hardware de OpenAI. Chang Liu era ingeniero eléctrico senior de sistemas, tras ocho años en la empresa. El caso está registrado como Apple Inc. v. Liu et al., n.º 5:26-cv-07078-EJD.
El 5 de agosto, los demandados solicitaron la desestimación. La respuesta de Apple llegó el 19 de agosto. Según AppleInsider, que ha consultado el documento, Apple acusa a los demandados de construir su moción sobre «distorsión, especulación y pruebas extrínsecas improcedentes». 9to5Mac publicó el escrito íntegro. Su última frase pide al tribunal que rechace la moción en su totalidad. Una vista aparte, sobre la petición de Apple de acelerar la exhibición de pruebas, está fijada para el 1 de octubre.
Una moción de desestimación no es una sentencia
Una moción de desestimación no pregunta si el demandante tiene razón. Pregunta si la demanda, dando por ciertos todos los hechos que alega, describe algo que el derecho reconocería como ilícito. El juez no valora las pruebas, no decide quién resulta más creíble y no dirime entre dos relatos enfrentados. La fórmula que Apple cita en su escrito —hechos suficientes para que la pretensión sea «plausible por sí misma»— procede de la sentencia Twombly del Tribunal Supremo estadounidense, de 2007: un umbral que el propio Tribunal extendió dos años después, con Iqbal, a todo el contencioso civil federal.
El listón es deliberadamente bajo, y eso explica la forma que adopta la respuesta de Apple. La mayor parte del escrito no defiende el fondo de las acusaciones: impugna un método. «Los demandados se apoyan en argumentos de sus abogados o en pruebas extrínsecas, formulan hipótesis inverosímiles sobre la conducta "inocente" de uno de ellos y piden al tribunal que extraiga las inferencias a su favor», escribe Apple. «No es así como funciona una moción de desestimación.»
Las tres puertas que probó OpenAI
La moción del 5 de agosto se apoyaba en tres argumentos: que Apple no ha demostrado ser titular de un secreto comercial protegible, que los hechos descritos no constituyen apropiación indebida y que no ha alegado de forma plausible daño alguno ni un perjuicio que continúe. Cada uno es una salida autónoma del proceso, y bastaría con que prosperase uno para reducirlo considerablemente.
El primero es el más interesante, porque vuelve contra Apple sus propias prácticas de seguridad. La Defend Trade Secrets Act federal solo considera secreto comercial una información si su titular ha adoptado medidas razonables para mantenerla en secreto. El escrito de OpenAI sostiene que Apple animaba a su personal a usar cuentas de iCloud personales para el trabajo y no cortaba los accesos cuando alguien se marchaba, y que lo que Apple llama hoy robo era la consecuencia previsible de su propia gestión de las salidas. TechCrunch, que ha revisado los anexos, acerca esa defensa al argumento de la puerta abierta y subraya a la vez su alcance jurídico: una información mal protegida puede no ser un secreto comercial a efectos legales. El escrito del 19 de agosto responde de frente y califica el argumento de las cuentas de iCloud personales de alegato de parte sin prueba que lo sostenga.
Dos hombres, dos versiones
La demanda de Apple alega que, tras marcharse, Chang Liu aprovechó un fallo de autenticación para llegar a un repositorio en la nube con archivos confidenciales de Apple, comentó al descubrirlo «LOL… qué gracia» y pasó semanas descargando decenas de archivos confidenciales mientras trabajaba en hardware para OpenAI. OpenAI publicó en su propio sitio un intercambio de mensajes censurado en el que un responsable aún en activo en Apple recurre a Liu para resolver dudas técnicas, y sostiene que ese intercambio muestra un acceso propio de la ayuda ordinaria posterior a una salida.
La respuesta de Apple separa las dos cosas. «La pregunta de un responsable sobre una transición no es una autorización para saquear el repositorio confidencial de Apple», replica el escrito, que añade que la demanda nunca alegó que Liu hubiera contestado a las preguntas de su antiguo jefe. El mismo esquema vale para Tang Tan. OpenAI afirma que pedía a los candidatos que llevaran piezas que cualquiera puede comprar. Apple cita el detalle de lo que, según ella, se pedía —baterías, placas lógicas principales, blindajes, descritos como «algunas piezas en las que [ella] había trabajado»— y observa que nadie necesita una sesión de demostración con productos que ya están a la venta.
Por qué un pleito y no una cláusula de no competencia
El derecho californiano gobierna todo el razonamiento. El estado declara nulos los pactos de no competencia impuestos a los trabajadores, salvo excepciones estrechas, y ha reforzado esa prohibición en los últimos años. Un ingeniero de Apple puede cruzar el valle hacia un competidor el lunes siguiente, y los más de cuatrocientos antiguos empleados de Apple que, según la propia Apple, trabajan hoy en OpenAI no prueban por sí solos ninguna ilegalidad. La propia Apple distingue en su escrito la contratación ordinaria de los actos concretos que alega.
Queda el derecho de los secretos comerciales, la única palanca disponible y muy exigente: obliga a señalar una información concreta, actos concretos y personas concretas, y no un patrón de contratación. Toda la respuesta de Apple descansa en esa formulación: la demanda, insiste, «trata de individuos determinados que se llevaron secretos comerciales determinados de Apple por medios determinados». Si el tribunal la sigue es la cuestión que está sobre la mesa.
Qué cambia para los productos que lleva en el bolsillo
Nada por ahora, y probablemente nada durante mucho tiempo. No se ha dictado ninguna medida cautelar, ningún producto está bloqueado y el hardware de OpenAI no ha sido anunciado. Lo que conviene retener es que la estrategia de asistente de Apple ya no pasa por OpenAI: como contamos desde la WWDC 2026, Siri AI se construyó sobre Gemini, de Google. Apple no ha dicho si sus demás acuerdos con OpenAI han cambiado. Lo que está establecido es más estrecho: el asistente ya no funciona con tecnología de la empresa a la que demanda.
Qué habrá que vigilar el 1 de octubre
Dos cosas estarán más claras en otoño: si el juez deja avanzar el caso y si Apple obtiene la exhibición acelerada de pruebas que reclama. Lo segundo puede pesar más que lo primero. Apple ha dicho al tribunal que su investigación interna apunta a que otros antiguos empleados podrían haber participado en los hechos denunciados o haber sido testigos de ellos, y es en esa fase donde salen mensajes, correos y documentos internos. OpenAI, por su parte, ha declarado públicamente que no tiene «ningún interés en los secretos comerciales de otras empresas». Ninguna de las dos afirmaciones se comprobará en una moción de desestimación.
Apple hits back at OpenAI's bid to dismiss lawsuit — 9to5Mac
Distortion & speculation warrant denying OpenAI request — AppleInsider
OpenAI says Apple's own security practices undermine its trade secrets case — TechCrunch
Apple rejects OpenAI's dismissal request — Apfelpatient
Apple sues OpenAI over alleged trade secret theft — TechCrunch